Así empezó este viaje. Con un mensaje y con esa emoción que nos quedaba después de verlo jugar, de ver la magia que seguía desplegando.
Pasaron las semanas, el proyecto tomó forma y finalmente lo lanzamos. The Last Tango ya estaba en el mundo. Y mi mayor sueño seguía siendo que Leo lo viera.
Hace unas semanas cerramos el acuerdo más rápido de nuestra historia. Desde que nos conocimos hasta que presentamos la propuesta y nos confirmaron que íbamos a trabajar juntos, todo fue rapidísimo.
Por esas cosas del destino, Leo es parte de esa empresa. Una marca que hace uno de los platos más ricos que tenemos en Argentina: milanesas. Ya les contaremos más.
En la primera conversación encontramos varias cosas en común. Además del gusto por las milanesas (obviamente), compartíamos la pasión y el amor por Messi. Así que les mostramos lo que habíamos hecho, desde la sorpresa y casualidad de tener más cosas en común de las que pensábamos.
Les encantó. Entre una cosa y la otra apareció la posibilidad de que ellos lo compartieran. Para nosotros, lo mejor que podía pasarle a ese proyecto era quedar un poquito más cerca de Lionel. (Casi como si fuera un rebote picando en el área).
Lo habíamos hecho porque lo queremos, porque teníamos ganas de regalarle algo. Y ahí había personas que se habían entusiasmado con la misma idea.
Nos contaron que iban a publicarlo el día de su último partido con la Selección. También fueron muy claros: probablemente lo viera, pero cualquier reacción iba a depender 100% de él. Podía gustarle, podía darle like o podía seguir de largo.
A nosotros ya nos alcanzaba con imaginar que lo iba a ver.
Estamos hablando de alguien que estuvo en nuestras vidas durante más de veinte años (y para siempre va a estarlo). Varias generaciones crecimos mirándolo. Algunos empezaron viendo sus partidos con sus padres y terminaron viéndolos con sus hijos.
Alguien que nos hizo sentir el orgullo de tener al mejor del mundo, que nos hizo volver a creer después de cada golpe y que nos dio motivos para abrazarnos con personas que, un segundo antes, eran completas desconocidas.
Pienso en esos abrazos. En cómo nos fundíamos con el que teníamos al lado después de un gol. En todas las veces que nos hizo estar un poco más cerca de nuestra gente.
Y ahora nos estaban diciendo que esa persona podía ver algo que habíamos hecho para agradecerle. Ya estábamos emocionadísimos.
Ayer, cerca del mediodía, empecé a recibir un montón de notificaciones de uno de nuestros canales de Slack. El equipo estaba avisando que habían publicado el reel. A los pocos segundos, cuando creo que todavía no tenía ni cincuenta likes, apareció el suyo.
Sí, el de Messi.